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Conejo-Pato

La famosa ilusión óptica de Wittgenstein demuestra que la realidad es lo que estás programado para ver primero. La misma imagen puede ser cosas completamente distintas dependiendo de tu marco mental, igual que la gente puede ver hechos idénticos y llegar a conclusiones opuestas. Este clásico rompecabezas filosófico demuestra que la interpretación moldea la realidad más de lo que queremos admitir, al tiempo que hace que todo el que lo ve se cuestione su propia percepción.

Conejo-Pato - Bordado

Wittgenstein utilizó esta famosa ilusión óptica para mostrar cómo la percepción da forma a la realidad y el significado depende del contexto. Lo que ves primero dice más de tu mente que la propia imagen, mientras que el hecho de que ambas interpretaciones sean igualmente válidas rompe nuestra necesidad de respuestas correctas únicas. La versión bordada hace que este rompecabezas filosófico parezca tan permanente como la idea de Wittgenstein de que los juegos del lenguaje determinan cómo entendemos el mundo.

ROMO: Alivio de perderse

El FOMO es autoengañarse cuando el mundo se acaba. ¿Por qué estresarse por perderse fiestas llenas de gente haciéndose selfies mientras la civilización se derrumba? Esos eventos a los que faltaste probablemente eran aburridos de todos modos: sólo gente desesperada interpretando la felicidad mientras todo arde. ROMO lo entiende: quedarse en casa no es antisocial, es sabiduría disfrazada de pereza mientras los demás confunden estar ocupado con ser importante.

Rosa Luxemburg - ¡Es hora de aplastar al patriarcado!

Rosa Luxemburgo comprendió que el capitalismo y el patriarcado son sistemas de opresión interconectados que deben desmantelarse juntos. La igualdad de género no puede existir bajo estructuras económicas que explotan el trabajo de las mujeres al tiempo que les niegan el poder. La verdadera revolución exige destruir simultáneamente al jefe y al club de los chicos.

Tetera Russell

Bertrand Russell sostenía que si afirmaba que una diminuta tetera orbitaba alrededor del Sol entre la Tierra y Marte, nadie podría refutarlo, pero eso no haría que creerlo fuera racional. Su experimento mental demuestra que la carga de la prueba recae en quienes hacen afirmaciones, no en los escépticos. La cultura moderna de Internet ignora este principio al exigir a la gente que refute cualquier teoría conspirativa o afirmación descabellada.